VICKI PIŅEIRO - CAMPEONA DEL MUNDO

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26-02-2008

VICKY PIÑEIROAyer campeona mundial, hoy parada
La vida de la canguesa Vicky Piñeiro, triunfadora en el ergómetro en Boston, es otro ejemplo de las penurias que atraviesan ciertos atletas de élite para poder competir
Xurxo Fernández  26/2/2009
 
Nada. Eso es lo que cobra en ayudas, becas, subvenciones y demás Vicky Piñeiro, la canguesa que destrozó el crono en el campeonato del mundo del ergómetro que se celebró en Boston (Estados Unidos) la semana pasada.Quizá lo del ergómetro, eso de remar en tierra firme, suene marciano; pero la chica, de 25 años, ostenta otros registros llamativos en modalidades de agua. Fue la primera mujer en llevar el timón en una tripulación masculina, venciendo todo tipo de reticencias. Se maneja con soltura en trainera, trainerilla o batel.Por aquello de que en Cangas nacen en piragua (y últimamente con medalla olímpica al cuello), también ella fue piragüista de alto nivel, aunque lo dejó para irse a vivir a Astillero siguiendo poderosas razones. «Mi pareja fichó por un club de aquí y yo me vine -explicaba ayer por teléfono-. Los chicos están mejor pagados en el Cantábrico que en Galicia».-¿Y las chicas?-A las chicas no nos pagan nada -responde con total naturalidad-. Yo vivo de lo que gano trabajando, aunque ahora no tengo trabajo. Me tiro todo el invierno currando en lo que salga para ahorrar algo de dinero. Hasta que volví a estudiar, estuve en un supermercado, y en Galicia, en una fábrica.-Recibirá alguna ayuda-Aquí no recibimos ayudas. Pero mi caso es lo normal. Las chicas estamos acostumbradas a eso.-Ya, pero usted es campeona del Mundo. Ahora quizá lleguen las becas.-No creo. Desde luego, a mí no me ha comentado nadie nada.Entre los que no se lo comentaron está, por ejemplo, el presidente de Cantabria, que recibirá a la campeona la próxima semana en su despacho, junto a los también gallegos Luis Pazos (segundo en su especialidad) y Sonia Boubeta (cuarta). El dicharachero Miguel Ángel Revilla formaba parte del comité de bienvenida que esperaba a la deportista en el aeropuerto de Santander. Las autoridades gallegas estaban en campaña.«No pensábamos que fuera a haber tanta gente y tantos medios esperándonos. ¡Si nos dieron ramos de flores y todo! Nos hizo muchísima ilusión», comentaba la remera sobre la recepción.Entre atletas olímpicosTodo a la altura del éxito. En Boston «había gente que rema en Juegos Olímpicos. También equipos nacionales que llevaban mucha gente. La selección noruega, por ejemplo, eran 44 personas».Aunque a la canguesa le llamó más la atención una presencia peculiar: «Para los mayores, los grupos de competición eran por edades. Había un señor de 93 años. Ese sí que tiene mérito. Hasta me hice una foto con él».Fueron 2.150 remeros los que se dieron cita en la ciudad estadounidense, que recibió a los deportistas con un fenomenal despliegue. «En Estados Unidos se le da mucha importancia al ergómetro y al banco móvil. Las pruebas se disputaron en las instalaciones donde juega el equipo de hockey y las gradas estaban llenas. Desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde no dejó de entrar y salir gente», recuerda la gallega.Vicky Piñeiro no tenía demasiado claro que fuera a ser capaz de llevarse su prueba (la de los 2.000 metros) entre tanto competidor: «Había revisado los tiempos de los últimos diez años y pensé que podía estar ahí adelante. Pero algunos habían bajado de los 8 minutos, y tenía miedo de que apareciera alguien que me diera caña».Nadie pudo hacer sombra a sus 7 minutos 42 segundos y ella se trajo el título en la maleta. ¿Cómo lo celebró? Después del largo viaje tuvo recepción en el Ayuntamiento y de ahí, a entrenar. Como de costumbre.Ayer, por ejemplo, tuvo jornada intensiva. «Por la mañana estuve entrenando con los chicos y por la tarde con las chicas -detalla-. Dos horas y media con cada. Pero hasta el campeonato hacía cinco horas por la mañana y otras cinco por la tarde».Poco queda para otras actividades. «En el supermercado trabajaba de reponedora hasta las 11 de la mañana para luego tener el día libre y entrenar. En Galicia, en la fábrica era peor. Busco horarios para poder remar».

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